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Archive for the ‘Perfil Criminal’ Category

Tres mujeres fueron rescatadas en Cleveland, Estados Unidos, después de permanecer en cautiverio durante casi diez años. Si bien ya son libres, los expertos aseguran que todavía les esperan tiempos difíciles.

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“Vivas y a salvo” fue el titular de la primera página del periódico Cleveland Plain Dealer, anunciando el rescate de tres mujeres de una casa en el oeste de la ciudad.

Fue un final feliz para lo que se está convirtiendo en una historia cada vez más inquietante. Amanda Berry, Gina DeJesus y Michelle Knight pasaron casi una década atrapadas en una casa. Tres hombres, Ariel Castro y sus hermanos, Pedro y Onil, están siendo interrogados.

Sin embargo, este no es el fin de la historia.

“Esto todavía no se acaba”, dice Herb Nieburg, profesor de estudios de derecho y políticas de justicia del Mitchell College en Nueva Londres, Connecticut.

“Delante hay una inmensa cantidad de horas en términos de asesoramiento y trabajo con ellas para el tratamiento del trastorno por estrés postraumático”.

Si bien las mujeres, dos de ellas secuestradas cuando eran adolescentes, están fuera de peligro físico, tomará mucho más tiempo hacerlas psicológicamente fuertes.

Esto se debe a que las tácticas utilizadas por los secuestradores en este tipo de casos están diseñadas para hacer que las capturadas se sientan inútiles, impotentes y asustadas.

“Las mujeres victimizadas son separadas por sus captores de toda la gente y experiencia que tuvieron que podrían contribuía a su autoestima, autoconfianza y su identidad”, explica Rona Fields, psicóloga, socióloga y autora del libro Contra la violencia contra las mujeres: el argumento a favor del género como clase protegida.

En todas partes

La especialista señala que estos patrones están presentes en todo el mundo, ya sea Afganistán, China o EE.UU.

“Se destruyeron los lazos con sus familias de origen. La joven cautiva siente que fue abandonada y que es rechazada”.

La policía confirmó que la niña de seis años hallada en la casa era la hija de Amanda Berry. Aparentemente la niña nació mientras su madre estaba detenida.

También hubo informes no confirmados de que las otras dos mujeres fueron víctimas de abusos y palizas.

Esta mezcla de violencia física y sexual puede contribuir todavía más a la sensación de peligro, una obediencia aprendida y una psique dañada que puede persistir después de que termine el abuso.

“El abuso sexual es humillante, degradante, no te hace sentir muy bien de ti misma”, explica Nieburg. “Inspira una sensación de desesperanza”.

Los casos Smart y Dugard

Esta mezcla ha estado presente en casos anteriores de niñas desaparecidas, como el de Elizabeth Smart y Jaycee Dugard.

Elizabeth Smart A Elizabeth Smart la secuestró Brian David Mitchell en medio de la noche cuando esta tenía 14 años.

Smart tenía 14 años cuando fue sacada de su cama en medio de la noche por Brian David Mitchell, quien la reclamó como su esposa y abusó de ella en repetidas ocasiones durante nueve meses. Dugard fue secuestrada por Phillip Garrido mientras iba al colegio cuando tenía 11 años y mantenida en cautiverio durante 18 años, tiempo en el cual dio a luz a dos niños.

Tanto Smart como Dugard tuvieron muchas oportunidades de llamar la atención hacia ellas y de sus captores. Mitchell llevó a Smart a fiestas en la zona de Salt Lake City y comieron juntos en restaurantes. Dugard habló con el oficial de libertad condicional de Garrido y trabajó en su negocio de impresión.

Cuando finalmente fueron requeridas por las fuerzas del orden, tomó tiempo y presión para que las mujeres admitieran sus verdaderas identidades.

Esta situación no es rara entre aquellos que han sido retenidos en contra de su voluntad por largos períodos de tiempo.

“Normalmente hay una resistencia física que eventualmente es sustituida por técnicas similares a las usadas por sectas: control mental, amenazas”, dice Nieburg.

Las víctimas pueden perder el sentido de la perspectiva tras años de abuso.

Agradecimiento

“Puede haber tal cantidad de abusos que la víctima, cuando deja de ser brutalmente abusada puede sentir agradecimiento” hacia el captor, comenta Peter Suedfeld, profesor emérito de psicología de la Universidad British Columbia.

“Por otro lado, también tienen miedo de que si intentan escapar y fallan, toda esa situación que en el momento es tolerable se vuelva intolerable”.

De hecho, Dugard le dijo a Diane Sawyer que la razón por la que no intentó escapar se debido a: “lo que sabía era seguro, lo desconocido allá afuera era aterrador”.

Berry intentó escapar, y al hacerlo pudo liberarse, liberar a su hija y a las otras dos mujeres en la casa.

Su llamada a los servicios de emergencia estadounidenses, 911, pudo ser revelador. “Soy Amanda Berry”, dijo. “He estado en las noticias durante los últimos diez años”.

Ese sentido de personalidad, y de saber que estaba siendo buscada, pudo haberla ayudado a reunir la confianza de escapar.

“Hay un sentimiento de abandono si piensas que la búsqueda terminó”, señala Suedfeld, y ese miedo es usado con frecuencia por los secuestradores, quienes les dicen a sus cautivos que sus familias ya dejaron de buscar.

Fuerzas para escapar

Amanda Marie Berry y Georgina Lynn DeJesus Amanda Marie Berry y Georgina Lynn DeJesus estuvieron unos diez años secuestradas.

Pero Berry sabía que no había sido olvidada, y eso pudo darle fuerzas para luchar por la libertad.

Sin embargo, las mujeres que son rescatadas de este tipo de situaciones nunca son completamente libres, por lo menos no al principio. El daño infligido por sus captores toma años en repararse.

“Esto las acompañará por mucho tiempo, y quizás para siempre”, comenta Suedfeld. “Van a tener pesadillas. Es posible que sospechen de otra gente, de extraños, particularmente hombres”.

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Tendrán que reajustarse de una vida en cautiverio a una vida en el mundo real, con sonidos, olores y gente alrededor.

“Básicamente están siendo bombardeadas de estímulos después de mucho tiempo de tener muy poco”, agregó el especialista.

Para la austríaca Elisabeth Fritzl, quien escapó de una celda en un sótano donde fue violada por su padre durante 24 años, una de las transiciones más difíciles fue vivir con luz del día y en habitaciones espaciosas.

Les llevó 10 años a las tres mujeres en Cleveland encontrar su camino hacia la luz. Y puede que les tome mucho más ajustarse al cambio.

 

* Kate Dailey, BBC, 8 Mayo 2013

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Una de las tres mujeres cautivas en Cleveland dijo que estuvo embarazada al menos en cinco ocasiones pero que la mantenían hambrienta y era golpeada hasta que abortaba, de acuerdo con un reporte inicial obtenido por CNN.

En sus primeras declaraciones a la policía tras ser liberada, Michelle Knight dijo que cuando Ariel Castro se enteraba que estaba embarazada “me hacía abortar el bebé”, según documento del estado.

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Castro deberá pagar una fianza de 8 millones de dólares por los cargos que enfrenta, le informó este jueves el fiscal de la corte de Cleveland durante la primera audiencia pública en la que el hombre fue presentado desde su detención.

De acuerdo con las autoridades, Castro sometió a las mujeres a tribulaciones, golpizas y violación sexual, en un periodo en que ellas nunca estuvieron libres.

Knight “estuvo hambrienta por al menos dos semanas y luego fue repetidamente golpeada en el estómago hasta que abortó”, según el reporte inicial de la policía.

Pero cuando otra cautiva quedó embarazada, la situación fue diferente.

Cuando Amanda Berry entró en labor de parto, Castro ordenó a Knight recibir al bebé, de acuerdo con una fuente cercana a la investigación.

El bebé nació en una alberca de plástico donde quedó el fluido amniótico.

Una vez que el bebé nació, cundió el pánico, pues dejó de respirar y entonces las mujeres comenzaron a gritar, de acuerdo con la fuente citada en la entrevista.

Castro supuestamente amenazó con matar a Knight si el bebé no sobrevivía, de acuerdo con el reporte inicial de la policía.

Los hechos ocurridos en esa casa han sorprendido a las autoridades y al público en general.

“Lo más increíble aquí es que una chica que no sabía nada sobre nacimientos de bebés fue capaz de recibir a una niña sana que ahora tiene seis años”, de acuerdo con la fuente.

Una pesadilla de una década

Las tres mujeres pasaron sus días y noches cautivas en una casa de 450 metros cuadrados en uno de los vecindarios más antiguos de Cleveland. Solo salieron en dos ocasiones brevemente, de acuerdo con el director de seguridad pública de la ciudad, Martin Flask.

A menudo, las mujeres estaban en cuartos diferentes aunque ocasionalmente interactuaban y llegaron a “confiar la una en la otra por sobrevivencia”, dijo la fuente con conocimiento directo de la investigación.

Castro ponía a prueba a las mujeres a menudo –Berry, Knight y Georgina Gina DeJesus– al simular irse, de acuerdo con las autoridades. Después regresaba de pronto. Si notaba que alguna se había movido, las disciplinaba. Así pasaron los años.

En esa época las mujeres vieron a sus padres en televisión durante las vigilias que celebraban por ellas, de acuerdo con las autoridades. Ellas se emocionaban al saber que sus familiares estaban buscándolas. Sin embargo, Knight y DeJesus “sucumbieron” a su realidad.

Pero algo pasó con Berry el lunes en la tarde, cuando la mujer de 27 años llevó a cabo un audaz escape, de acuerdo con Ed Tomba, jefe adjunto de la policía de Cleveland.

Con la ayuda de los vecinos de Castro, Charles Ramsey y Angel Cordero, Berry se liberó a sí misma, a su hija de seis años y a las otras dos mujeres.

Las mujeres se encuentran de regreso en casa con sus familias, las mismas que lloraron y lucharon, pero sobre todo, nunca se dieron por vencidas.

“Sabía que mi hija estaba viva”, dijo Felix DeJesus, el padre de Gina, momentos después de que la mujer llegó a su casa el miércoles por la tarde. “Sabía que me necesitaba, y nunca me rendí”.

Castro, mientras tanto, está tras las rejas y enfrenta cuatro cargos de secuestro y tres de violación, de acuerdo con Víctor Pérez, asistentes del fiscal de la ciudad de Cleveland.

¿Cómo comenzó el cautiverio?

Knight tenía 21 años el 22 de agosto, cuando Castro la subió a su vehículo en la avenida Lorain, en Cleveland, de acuerdo con documentos de la acusación. Castro la llevó a su casa en la avenida Seymour, a unos cinco kilómetros, y no la dejó ir.

Knight fue abusada sexualmente en varias ocasiones, de acuerdo con los documentos, y pronto dejó de estar sola.

Al año siguiente, el 21 de abril del 2003, en la víspera de su cumpleaños, Berry experimentó el mismo escenario. Mientras caminaba de su trabajo en un Burger King esa noche, aceptó un aventón de Castro en la avenida Lorain.

Casi un año después se les unió DeJesus, de entonces 14 años.

Las tres permanecieron en ese infierno hasta el lunes en la tarde, cuando Berry pidió ayuda. Tras escuchar sus gritos, dos vecinos, Ramsey y Cordero, golpearon una puerta para ayudarla a escapar.

De acuerdo con Cordero, la hija de Berry también corrió fuera de la casa. Vestía solo una camiseta y un pañal. La policía está realizando un examen de ADN para determinar la paternidad de la menor.

“Ayúdenme, soy Amanda Berry”, suplicó a un operador del 911 desde la casa de Ramsey. “Fui secuestrada y he estado desaparecida por 10 años. Estoy aquí, estoy libre”.

El jefe de la policía de Cleveland, Michael McGrath, le dijo a Today de NBC, que las mujeres estuvieron atadas y que en la casa había sogas y cadenas.

Knight y DeJesus no corrieron fuera de la casa con Berry pese a que pudieron hacerlo, de acuerdo con la fuente, que las describió como temerosas e influenciadas.

Mantenía a todos a distancia

¿Cómo ocurrió esto en un vecindario urbano? ¿Cómo logro Castro, un exconductor de autobús, optimista y músico extrovertido, según un compañero de su grupo, mantener el secreto ante sus vecinos y familia?

Poco después de que las tres mujeres fueron encontradas, Castro y dos de sus hermanos que estaban con él fueron detenidos.

Durante los siguientes dos días, las autoridades no encontraron elementos para vincular a Onil y Pedro Castro con los secuestros, aunque ambos aparecerán en la Corte Municipal de Cleveland el jueves por órdenes de arresto pendientes en casos menores.

“Ariel mantenía a todos a distancia”, dijo Tomba sobre el sospechoso, al explicar que incluso sus hermanos y otros miembros de su familia aparentemente no estaban en contacto. Castro habló en Facebook de tener cinco nietos.

Castro ha estado hablando con los investigadores desde el martes, al igual que las tres mujeres que mantuvo cautivas.

Tras esas conversaciones, Tomba dijo que no creía que hubiera más víctimas, incluida Ashley Summers, quien tenía 14 años cuando desapareció en Cleveland en el 2007.

Desde el lunes, personal de seguridad ha revisado la casa de Castro, que estaba hecha un “caos” cuando los investigadores entraron por primera  vez. Las autoridades retiraron más de 200 artículos que esperan les ayuden a reconstruir lo sucedido.

Agentes del FBI también analizaron una casa ubicada a dos puertas de distancia, en busca de información luego de que en los últimos días encontraron que ese lugar podría tener vínculos con el caso.

Cuestionamientos

Mientras investigan, las autoridades enfrentan cuestionamientos sobre si el caso pudo haber sido prevenido. Algunas personas del vecindario han dicho que contactaron a la policía para advertirle de comportamiento sospechoso ocurrido en la propiedad de Castro, como reportes de mujeres desnudas y gritos en su patio trasero. Las autoridades dicen que nunca recibieron llamadas.

La policía dice que estuvo en dos ocasiones en la casa de Castro, una vez que hubo una pelea en esa calle en el 2004 y otra para investigar el incidente en el que fue acusado de dejar solo a un niño en el autobús. Nadie respondió en la casa y los investigadores lo cuestionaron más tarde en otro lugar, de acuerdo con la policía.

Documentos de la corte del 2005 muestra que la exesposa de Castro lo acusó de agresiones, como quebrarle la nariz en dos ocasiones, romperle dos costillas, dislocarle el hombro en dos ocasiones y romperle un diente. Un juez emitió una orden de protección pero la retiró más tarde.

Tomba cree que las autoridades actuaron correctamente.

 

 

 

* CNN, 9 Mayo 2013

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Los fiscales dijeron que la Dra. Virginia Soares de Souza y su equipo médico administraba relajantes musculares y medicamentos a sus pacientes, para reducir el suministro de oxígeno, provocando su muerte por asfixia en el Hospital Evangélico en la sureña ciudad de Curitiba.

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 De Souza, una viuda de 56 años de edad, fue arrestada el mes pasado y acusada de siete cargos de homicidio agravado en primer grado. Otros tres médicos, tres enfermeras y un fisioterapeuta que trabajaron con De Souza también han sido acusados ​​de asesinato.

Los fiscales del estado de Paraná, dijeron que escucharon conversaciones telefónicas de Souza quien reveló que su motivo era liberar camas en el hospitales para otros pacientes.

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“Quiero limpiar la unidad de cuidados intensivos…”, dijo en una grabación entregado a los medios de comunicación brasileños. “Desafortunadamente, nuestra misión es ser intermediarios en el trampolín para la próxima vida”, agregó en la misma llamada telefónica.

El abogado de De Souza, Elias Mattar Assad, dijo que los investigadores habían malinterpretado como funciona una unidad de cuidados intensivos  y que probaría su inocencia.

Más casos se espera que surjan de los investigadores a través de 1.700 historias clínicas de los pacientes fallecidos en los últimos siete años en el hospital, donde De Souza encabezó la unidad de cuidados intensivos.

“Ya tenemos más de 20 casos establecidos, y hay casi 300 más que estamos estudiando”, dijo el investigador principal asignado por el Ministerio de Salud de Brasil, Dr. Mario Lobato, en el programa Fantastico Globo TV el domingo.

Si los fiscales demuestran que De Souza mató a 300 pacientes, este podría ser uno de los peores asesinatos en serie del mundo, rivalizando con el notorio caso de Harold Shipman, el médico Inglés, que se encontró que mato al menos a 215 pacientes.

Algunos de los pacientes eran conscientes momentos antes de morir, dijo.

Los fiscales dijeron que De Souza se sentía “todo poderosa”, que ejecuta el homicidio o que “tenía el poder para decretar el momento en que la víctima iba a morir.”

En algunos casos, De Souza estuvo ausente en el hospital y le dio instrucciones para poner fin a la vida de un paciente por teléfono a los miembros de su equipo médico, de acuerdo con documentos que detallan los cargos.

La semana pasada, un juez Curitiba ordenó la liberación de De Souza y su equipo médico. Los fiscales pidieron el lunes a tenerla devuelta a la custodia porque ella era la líder del equipo.

El gobierno del presidente Dilma Rousseff anunciará medidas el jueves para reorganizar el hospital, un portavoz del Ministerio de Salud.

 

* Resumido de Reuters (27 Marzo 2013)

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Tipos de delitos o crimenes en mundo actual

Una de las cosas que debo hacer en este blog policial es definir mi base de datos, en general, para que se pueda entender donde se ubican los diversos artículos que escribo, publico o comparto en este blog.

Como ya lo explique anteriormente mi intención es la de compartir algunas noticias policiales las cuales son interesantes de compartir, por su frecuencia, actualidad o porque están muy cerca a mi experiencia de vida.

Generalmente las noticias las trato de documentar en forma resumida o didáctica, por fotos, ilustraciones o detalles, mucho mayores que el que dan los periódicos, noticieros o revistas que tratan las noticias policiales diariamente.

Asimismo todos estos temas los trato de hacer como las piezas de un rompecabezas el cual una vez completo ira a formar parte de un conjunto de hechos humanos, junto con los otros temas que van en mis otros blogs y me permitirá completar un proyecto personal que empece el 2007.

Respecto a mi base de datos personal, de fuentes confiables, publicas o personales, es tan numerosa que solo puedo compartir una pequeña parte, debido a razones de fuerza mayor; sin embargo trato de que sea una muestra representativa de los mejores casos policiales que pueda ver.

El indice general de los tipos de delitos o crímenes tratados en este blog son:

 

  1. Acoso o Abuso sexual: Abuso o tortura domesticas, Abuso sexual de niños, Acoso sexual laboral, los manoseos públicos y los acosadores sexuales diversos (generalmente hombres contra mujeres)

  1. Prostitución o Trata de personas: Trafico humano y mafias internacionales, familias que prostituyen a sus propios hijos y pornografía o prostitución diversa.

 

  1. Violaciones sexuales: Violaciones en USA y el resto del mundo, Turismo sexual, Violaciones de sacerdotes, policías o militares, violaciones en cárceles o callejeras y mujeres que perdonaron a sus violadores.

  1. Asesinatos diversos: Asesinatos de niños, Mujeres, familias,…a nivel mundial. Asesinatos por robos o drogas. Asesinatos en serie o masacres. Asesinatos por odio o racial. Asesinatos por pandilleros o mafias delincuenciales. Asesinatos de personas publicas, etc.

  1. Ciencia Forense, FBI o criminalistica: Ciencia forense, Criminalistica o técnica policial y casos reales del FBI.

  1. Suicidios diversos: Suicidios por dinero, por Amor, por burlas o insultos (bullying), por drogas, etc.

  1. Animales asesinos: Tigres, perros, cocodrilos, coyotes, chimpancé, elefante, orca, etc.

 

  1. Muerte o Abuso de animales: Ardillas, perros, gatos, toros, elefantes, etc.

 

  1. Asaltos o robos diversos: Bancos, joyerías, delitos informáticos, casos curiosos (hija de millonario…), etc.

 

  1. Carceles, Presos, Historias: Cárceles en USA y el resto del mundo. Curiosidades carcelarias, pena de muerte y presos inocentes.

 

  1. Drogas, mafias o pandillas: En todos los países del mundo actual.

  1. Estafas, infidelidad o corrupción: Corrupción a todo nivel, estafas diversas (reportar delitos falsos) e infidelidades de todo tipo.

 

  1. Secuestros, desapariciones o chantajes: Personas o familias desaparecidas, piratas, secuestrados en avión, bus, etc.

  1. Curiosidades policiales: Primera mujer policía  cámaras de vigilancia , estadísticas criminales, sueldos de policías  GPS para autos, multas e infracciones, huelgas o reclamos policiales, etc.

  1. Terrorismo: Grupos o terroristas ,a nivel mundial, y sus atentados. Esto incluye a radicales independientes que odian a otros seres humanos o locos asesinos, etc.

 

  1. Delitos raros o increibles: Casos históricos (Dingo canibal), ácido contra mujeres, venganza de dentista, necrofilia, potos de cemento, psiquiatra bipolar, etc.

 

Hasta siempre.

Carlos Tigre sin Tiempo (CTsT)

 

 

 

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La prensa austriaca es poco dada a la circunspección cuando informa sobre alguno de esos casos truculentos que parecen prodigarse en el país alpino. El más reciente es el que valió esta semana la cadena perpetua a Estíbaliz Carranza, una mujer de 34 años y doble nacionalidad hispano-mexicana que, según confesó al principio de su juicio, asesinó a su ex marido en 2008 y a su novio posterior en 2010.

A ambos los desmembró con sendas sierras eléctricas de bricolaje. Sepultó todos los restos en la heladería que había puesto en Viena con su primera víctima. El proceso contra Carranza no ha alcanzado las cotas espectaculares de casos como el de Josef Fritzl en 2009, aquél“monstruo de Amstetten” que mantuvo encerrada a su hija en el sótano de su casa durante más de dos décadas, pero la combinación entre mujer joven, parricidio y desmembramiento ha llenado innumerables páginas amarillas y casi tantas horas de emisiones sensacionales durante las casi dos semanas de juicio oral. Si Fritzl era “monstruo”, Carranza es “Esti” o “la heladera asesina con cara de ángel”. El diario de masas Kronen Zeitung hablaba del “proceso del año”.

Estíbaliz Carranza nació en México en 1978. Su padre es mexicano y su madre, alavesa. Hasta en las crónicas más sobrias le pintan una vida fuera de lo común: llegó Berlín muy joven, huyendo de un primer prometido español “que la trataba como a una propiedad”. En Alemania trabajó de heladera. Cuenta que también su jefe era tiránico.

Se casó en 2002 y marchó a Viena para abrir allí su propio negocio. Adelheid Kastner, psiquiatra forense del caso, explicó que Estíbaliz Carranza es “más inteligente que la media” y que está mentalmente sana. Pero su padre es “hijo del pecado”, según su expresión, porque sus progenitores eran primos. La madre es “sumisa y agradecida”. La psiquiatra ve aquí explicaciones al comportamiento de la propia Carranza.

Dice que busca la felicidad a través de las relaciones personales. Cuando tiene una pareja “se entrega incondicionalmente, esperando que la acepten incondicionalmente”. Eeude los enfrentamientos directos. Si se presentan problemas busca soluciones a sus problemas por otras vías.

En el caso de su marido Holger Holz, Carranza dice que era un hombre brutal y “enamorado de las armas”, divorciado de una policía “que también le tenía miedo”. Se divorció de él, pero “no sabía cómo quitárselo de encima”.

Un día de abril de 2008 cogió una de sus armas y le disparó por la espalda mientras usaba el ordenador. Explicó Carranza que pasaron días hasta que fue capaz de tocar el cadáver, que permaneció sentado en una silla de acero. Después compró la sierra y lo cortó en unos pedazos que metió en un congelador.

Se había enamorado de otro hombre, llamado Alex, que nunca supo nada y que tuvo el buen tino de alejarse de ella completamente cuando terminó su relación. Carranza empezó otra con Manfred Hinterberger, a quién mató en 2010 con la misma baretta de Holz y cuyos restos terminaron haciéndole compañía.

Cuando Carranza se tuvo que mudar, llenó el congelador de los cadáveres con cemento y pidió a unos amigos que le ayudaran a transportarlo al sótano de la heladería, donde fueron descubiertos por unos obreros.

Su actual marido, a quien la fiscal llamó “su pareja superviviente”, es el padre del niño de diez meses que nació en la cárcel. Los psiquiatras diagnosticaron “anomalías mentales” a Carranza, pero según Christine Salzborn, del Juzgado de lo Penal de Viena, la sentencia es de cárcel. Puede recurrir.

 

* Texto por Juan Gomez, Berlín, 24 Noviembre 2012

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Sture Bergwall está recluido en una clínica psiquiátrica sueca desde 1991. Se autoinculpó de 32 crímenes, le condenaron por ocho. Un periodista pertinaz desmontó la leyenda del supuesto asesino en serie y denunció cómo jueces y policías se habían dejado engañar

El pequeño Johan Asplund salió de casa a las ocho de la mañana, como todos los días, para ir a la escuela. Fue el viernes 7 de noviembre de 1980. Tenía 11 años. Nunca volvió a aparecer. Su caso se convirtió en uno de los misterios sin resolver más conocidos de Suecia. Trece años más tarde, el 8 de marzo de 1993, saltaba la noticia. Un enfermo mental de la clínica de psiquiatría forense de Säter acababa de confesar el crimen. Así reproducía el diario Expressen, el 15 marzo de 1993, la confesión de ese hombre de 42 años llamado Thomas Quick. “Le cogí a la salida del colegio y le metí en el coche. Conduje hasta el bosque y violé al chico. No quería matar a Johan. Pero entré en pánico y le estrangulé. Enterré su cuerpo para que nadie pudiera encontrarlo”.

El fiscal general del Estado, Christher van der Kwast, tardó siete años en construir un caso contra Quick. Los restos del cuerpo del chico no aparecieron donde el presunto asesino decía que podían estar. Pero la confesión era muy prolífica en detalles. En su opinión, más que suficiente para presentar cargos. Para entonces, año 2001, hacía ya tiempo que Quick se había convertido en el asesino en serie más conocido de la historia en Suecia. Su sucesión de autoinculpaciones había supuesto un continuo crescendo de crímenes cada vez más atroces. En el caso Johan Asplund, llegó a confesar que se comió los dedos del pequeño.

Pero el 2 de junio de 2008 se desdijo de todo.

Thomas Quick se llama en realidad Sture Bergwall. Tiene 62 años. Sigue recluso entre los muros amarillos de la clínica de Säter, lugar de encierro para enfermos mentales peligrosos. Lleva allí 21 años. Una buena parte, con el estatus de un VIP, según cuenta el criminólogo Leif G. W. Persson. La historia de Quick/Bergwall está a la altura de esas novelas negras que nos llegan desde latitudes escandinavas.

“Así que viene usted a ver al hombre especial”, espeta la noche anterior a nuestro encuentro con Bergwall el camarero del único bar que queda abierto a las diez de la noche en Säter, pueblo situado a tres horas en coche de Estocolmo, dirección norte. “Ese hombre es un psicópata; si sale de ahí, volverá a matar. Tenga cuidado”.

Bergwall se autoinculpó de 32 asesinatos. Le condenaron por ocho. Ya le han retirado cinco condenas

Resulta curioso que ni siquiera en el pueblo que alberga a Bergwall sepan que todo ha cambiado. Que el relato ya es otro. Que el “hombre especial” está siendo descargado, una por una, de sus condenas por asesinato. En los años noventa se autoinculpó de 32 crímenes. Le condenaron por ocho. Ya le han retirado cinco. Esta misma semana le han exculpado formalmente del asesinato de dos chicas noruegas cuyos cuerpos fueron hallados a las afueras de Oslo: Trine Jensen, de 17 años; y Gry Storvick, de 23. Dos asesinatos que despertaron serias dudas en su momento. Él, que parecía un asesino, violador y descuartizador de chicos jóvenes, confesando un crimen heterosexual.

Quedan dos casos por despejar aún. Uno es el asesinato de Charles Zelmanovits, un chico de 15 años que vivió en España de los 6 a los 14, en Fuengirola. Su padre trabajaba en aquellos días como médico. Seis meses después de regresar a Suecia, Charles desaparecía tras una fiesta del colegio en Piteä, en el norte de Suecia. Fue el 13 de noviembre de 1976. Thomas Quick dijo haber desmembrado el cuerpo del joven y haberse llevado algunas partes. El otro es el de una pareja de holandeses, Marinus y Janny Stegehuis, salvajemente apuñalados en la madrugada del 13 de julio de 1984 en un paraíso de la naturaleza, en tierras laponas, a orillas del maravilloso lago Appojaure.

El abogado de Bergwall, Thomas Olsson, da por hecho que estas condenas no tardarán en ser retiradas. Los casos contra Quick se fundamentaron, sobre todo, en sus detalladas autoinculpaciones. Y se ha retractado. “Todos los casos fueron construidos igual: sin pruebas biológicas, sin huellas, sin rastros de ADN, sin testigos, sin evidencias”, dice el abogado, uno de los más reputados en Suecia, hombre elegante y sarcástico. “En cuanto le cambiaron la medicación dejó de confesar”. Bajo los efectos de ingentes dosis de benzodiacepina, un medicamento que inhibe y puede permitir al paciente perder la empatía y decir cualquier cosa, Bergwall ofrecía minuciosísimos relatos de crímenes en sesiones de terapia. Cuanto más contaba, más medicación le daban. Cuanto más medicación le daban, más contaba.

“Todos los casos fueron construidos igual: sin huellas, sin ADN, sin testigos, sin evidencias”, dice su abogado

Bergwall era un adicto a las drogas desde su adolescencia. Empezó acolocarse con pañuelos empapados en disolvente.

Monstruo, violador, sádico, pederasta, caníbal. Thomas Quick fue todo eso durante 20 años. Hasta que en su camino se cruzó un periodista pertinaz y obsesivo, de nombre Hannes Rastam, dispuesto a aclarar todas las dudas que la autoría de esos crímenes horribles siempre suscitó. Su trabajo de investigación se ha convertido en un jaque al sistema judicial, policial y de salud mental sueco. Rastam, que murió en enero, al día siguiente de dictar la última página de su libro Thomas Quick: la fabricación de un asesino en serie, consiguió arrancarle la gran confesión, durante años sepultada en esa mente enferma: todo fue una gran mentira.

Clínica de psiquiatría forense de Säter. Dos celadores custodian la entrevista con Sture Bergwall. Hemos atravesado cinco puertas acorazadas para llegar hasta él. La puerta de la calle; la puerta de la garita, donde se deja el pasaporte; el detector de metales, la puerta blanca, un pasillo, la puerta gris, un pasillo, la puerta rosa.

Pregunta. Pero usted ¿por qué mintió?—¿Por qué mintió?

—Fue una manera de conseguir ansiolíticos legalmente, y de pertenecer a algo

Respuesta. Fue una manera de conseguir ansiolíticos legalmente. Me permitió tener la sensación de pertenecer a algo. Empezó como una pequeña mentira que creció hasta convertirse en una enorme mentira.

Sture Bergwall responde a la pregunta pausadamente, tranquilo. Es un hombre corpulento, muy alto, 1,89. Manos grandes, gruesas, robustas; pies enfundados en unas sandalias negras, calcetines rojos. Estamos en una pequeña habitación de la clínica psiquiátrica, en la zona de visitas. Una muñeca rubia y un mueble repleto de juguetes descansan en el suelo de esta sala en que los reclusos reciben a la familia. Hay un microondas, café y vasos de plástico blanco. Todo apunta a que los muebles, cómo no, deben de ser de Ikea.

Bergwall parece un señor normal; un señor normal y corriente.

La monstruosa espiral de sus confesiones arranca en un soleado día de junio de 1992. Apenas le quedan unos meses para salir de la clínica. Hace un día espléndido y Bergwall está tomando el sol en el lago Ljustern, acompañado de una enfermera. Lleva año y medio recluido, le han encerrado después de cometer un atraco, vestido de Papa Noel, en la casa de un bancario de su pueblo, Falun.

Arriba, reconstrucción de uno de los crímenes, en enero de 1995. De izquierda a derecha: el policía Seppo Pentinnen; Sture Bergwall; el abogado Claes Borgström, y la terapeuta Birgitta Ståhle. / SVEN ERIK RØED (SCANPIX NORWAY)

Bergwall es en esos momentos un hombre con antecedentes reales que se acaba de cambiar de nombre. Como no quiere que se le asocie con el atraco, adopta el apellido de soltera de su madre, Quick; y se pone Thomas porque le gusta cómo suena. A los 19 años ya había sido denunciado por abusar sexualmente de un chico de 14. También apuñaló a un hombre con el que compartió una noche. De hecho, no es esta su primera estancia en una clínica psiquiátrica.

Su sobrino Stefan Hazianastasiou, al que hemos visitado en la localidad de Örebro (a 198 kilómetros de Estocolmo, dirección oeste) el día anterior a la entrevista en la clínica, sostiene que su tío quería evitar a toda costa el regreso a Falun, su pueblo. “Estaba avergonzado, para él era más cómodo quedarse en la clínica”, dice, con un café en la mano, en la cocina de su casa. Hazianastasiou recuerda que su tío siempre fue un gran contador de historias.

Total que en aquella mañana soleada a Bergwall se le ocurre decirle a la enfermera: “¿Qué pasaría si yo hubiera cometido algo grave?”.

Al día siguiente, el psiquiatra le recibe en su consulta para comentar lo sucedido.

— ¿Qué quiere decir usted con algo grave?, le pregunta el médico.

—Le daré una pista, responde Bergwall: AS.

—¿AS?

—AS, de asesinato.

“Yo vivía rodeado de criminales violentos en la clínica”, explica Bergwall, recordando aquel episodio. “Tenía que contar algo realmente gordo para destacar, para que me prestaran atención”.

Decidió recurrir al asesinato que mejor conocía, el misterio sin resolver más célebre en aquellos días: la desaparición del pequeño Johan Asplund. “Yo no podía imaginar las consecuencias de lo que dije en ese momento. No fue una decisión racional, fue como un juego semántico inocente”.

El interés de los médicos ya estaba captado. Había que mantenerlo. Confesó un segundo crimen, pero esta vez eligió un caso que hubiera prescrito: el asesinato de Thomas Blomgren, acaecido en 1964. Perfecto: por aquel entonces, Bergwall solo tenía 14 años, no podrían condenarle.

La investigación policial por el caso Asplund aún no había arrancado, de modo que Bergwall todavía disponía de fines de semana libres. Podía entrar y salir. Para ser verosímil, debía documentarse. La Biblioteca Real de Estocolmo era la mejor opción. Los artículos de la época, plagados de detalles, y los microfilmes le ayudaron a construir un relato preciso de la muerte de Thomas Blomgren, un niño de 14 años. “Cuando se lo conté a los médicos, se lo tomaron como una historia real”.

Es en mayo de 1993, un año después de la primera confesión, cuando el fiscal general del Estado, Christer van der Kwast, anuncia que está considerando presentar cargos contra Quick, según relata el libro de Rastam. Anuncia a la prensa que el enfermo ha señalado los lugares en que se encuentra el cuerpo de Johan Asplund. Todavía no lo han encontrado, no obstante.

Esos restos, de hecho, nunca han sido hallados.

Björn Asplund, el padre de Johan, nunca creyó que Bergwall pudiera ser el asesino de su hijo. “Ese hombre no era capaz ni de trocear una salchicha”, dice, fumando un cigarrillo de liar en el interior de su barco-vivienda, atracado al borde del lago Mälaren, en el corazón de Estocolmo. Asplund siempre sospechó del padrastro de Johan, un cardiólogo que, de hecho, fue condenado por secuestrar al pequeño.

Al supuesto asesino le daban información en terapia. Le ‘ayudaban’ a recordar, dice el padre de una víctima

El presunto asesino en serie confesó a la policía que el pequeño Johan tenía una marca especial: una especie de corte en la barriga. Asplund saca una servilleta de papel y hace un croquis. Señala que la marca especial de su hijo era una especie de lunar en una de sus nalgas. Se lo contó a la policía. Bergwall acabó cambiando su testimonio y hablando de esa marca en el juicio. “Había una estrecha cooperación entre terapeutas y policía, que compartían información”, dice Asplund. Señala que al enfermo le daban información en terapia. Le ayudaban a recordar.

La periodista Jenny Küttim, mano derecha de Hannes Rastam, que realizó toda la investigación para el libro a su lado, es aún más tajante: “Los terapeutas actuaban como policías y los policías, como terapeutas”.

El patrón era siempre el mismo. Lo cuenta el abogado Olsson. Bergwall confesaba en terapia. Daba detalles de los crímenes. Pero se equivocaba una y otra vez. Por ejemplo, en el caso de la joven Therese Johanessen, una menor de nueve años desaparecida, dijo que era rubia, con ojos azules, que vivía en un pequeño pueblo, que el día de autos fue soleado. En realidad, la pequeña era morena (era hija de un español, Jesús); tenía ojos castaños; vivía en la ciudad. “Y aquel día fue el más lluvioso de los últimos diez años”, remata Thomas Olsson, sarcástico.

Un psicólogo fue acusado de usar “métodos manipulativos” para que Bergwall construyera historias

Con todo, Bergwall se empezó a convertir en un experto en extraer información de policías y terapeutas. “Yo disponía de datos muy básicos, de la prensa”, explica el enfermo en la clínica, “así que daba respuestas muy vagas y esperaba a que me dieran opciones. Luego leía sus reacciones. Cuando me preguntaban: ‘¿Está seguro?’, ya sabía que había dado la respuesta incorrecta”.

P. ¿Y no se paró a pensar en las víctimas y sus familias? ¿No pensó en dar marcha atrás en algún momento?

R. Desde el principio tuve ganas de dar marcha atrás en mis confesiones, pero me avergonzaba hacerlo. Yo estaba a merced de los médicos: retractarme suponía traicionarles, decirles que llevaba tiempo contándoles mentiras. Además, me gustaba ver que se interesaban por mí.

Incluso los errores en las confesiones de Bergwall conseguían acomodo en el guion de esta pesadilla. “El hecho de que siempre se equivocara fue usado como argumento de que realmente era el asesino; decían que tenía tanta ansiedad al recordar esos asesinatos, que se protegía de ellos”, explica Leyla Belle Drake, editora del libro de Hannes Rastam. “Cuando acudía a sus recuerdos, con la ayuda de los terapeutas, tenía que hacerlo mediante una elipsis, esa era la teoría. Empezaba con mentiras porque se estaba protegiendo a sí mismo de esos recuerdos horribles”. El arquitecto de esta teoría fue el experto en memoria Sven Ake Christianson, explica Belle Drake. La tesis: Quick había borrado los sucesos más dolorosos de su vida, por eso el recuerdo de sus crímenes era tan borroso. De pequeño había sufrido abusos sexuales, según contó en terapia. Había sido obligado a tener sexo oral y anal con su padre a los cuatro años. Un episodio en el que fue sorprendido por su madre, que, fruto del shock, perdió al hijo que llevaba en el vientre. Su madre siempre culpó a Bergwall de esa muerte.

P. Pero ¿por qué fabricó usted semejante historia?

R. La terapia que yo hacía estaba basada en que mis acciones de adulto debían estar relacionadas con acontecimientos de mi infancia. Si había asesinado de adulto, debía haber hechos en mi infancia que se correspondiesen. Además, con la benzodiazepina era capaz de contar cualquier cosa sin problemas.

“Yo estaba medicado y drogado. Estaba atrapado. De noche, golpeaba mi cabeza contra las paredes”

Las consecuencias de estas confesiones en su familia fueron devastadores, cuenta su sobrino. Aunque ahora todo se ha recompuesto.

P. ¿Los efectos de la medicación eran muy fuertes?

R. Yo estaba muy medicado y drogado. Estaba completamente atrapado en esa situación. Me desesperaba y, por las noches, golpeaba mi cabeza contra las paredes. Tenía altos niveles de ansiedad como consecuencia de las confesiones, de las investigaciones, y de los efectos secundarios de las drogas.

P. Sus confesiones se hicieron crecientemente violentas. Llegó a hablar de canibalismo. ¿Cómo llegó hasta ese punto?

R. Cuanto peores eran las historias que contaba sobre lo que me habían hecho mis padres, peores tenían que ser mis confesiones.

P. ¿Le guiaron en ese crescendo?

R. Los psicólogos y los terapeutas nunca tenían suficiente, siempre querían más.

P. ¿Y qué pasaba cuando todo ello era confirmado por la Justicia y le condenaban?

R. Me era indiferente. Para mí lo importante era mi situación en la clínica, aquí dentro.

El 12 de junio de 1998, en un artículo en el diario Svenska Dagbladet, la prestigiosa psicóloga Astrid Holgersson ya acusaba a Sven Ake Christianson de usar “sugestión y métodos manipulativos” para ayudar a Quick a que construyera historias que no contradijeran los hechos de los crímenes. Holgersson acuñó el término de Equipo Quick, el grupo de los que construyeron la leyenda del asesino en serie: el investigador que lideraba las pesquisas, Seppo Pentinnen; la terapeuta Birgitta Stahle; el fiscal Christer van der Kwast, y el experto en memoria Sven Ake Christianson, con el que nos pusimos en contacto, pero que declinó hacer declaraciones. Tampoco quiso hablar en Estocolmo Claes Borgström, abogado de Quick en aquellos días, criticado por no cuestionar la versión construida por el Equipo Quick. De él, dice Bergwall: “Como cliente, me sentí traicionado”.

La ayuda para recordar, en algunos casos, llegaba hasta el punto de reconstruir la escena del crimen fielmente. Así ocurrió el 9 de enero de 1995, día en que Quick se subió a bordo de un jet privado con asientos de cuero para abordar la reconstrucción del crimen de la pareja holandesa en Appojaure. A bordo, todo el Equipo Quick.

“Desde el principio quise dar marcha atrás en mis confesiones.Pero me avergonzaba hacerlo”

Jan Olsson, comisario de la Policía Criminal Central y experto en análisis de escenarios de crímenes, también fue enviado a tierras laponas para colaborar en la investigación. Al llegar, observó que se había encargado una réplica exacta de la tienda de campaña del asesinato, y que el Toyota Corolla de la pareja estaba situado en el sitio que reflejaban los informes policiales.

“Era la primera vez que veía algo así”, explica el veterano excomisario, de 76 años, en su apartamento en Estocolmo, con un gato blanco de angora reposando junto a él en el sofá. “Lo normal es llevar al sospechoso a la escena y que sea él quien diga dónde estaba cada cosa. Pero ellos pensaban que había que ayudarle a rememorar”.

Jan Olsson recuerda que Bergwall llegó al lugar del crimen y lo recreó entrando por el lado contrario de la tienda. “Se equivocó en todo”, afirma. Entró como un loco en la tienda para apuñalar a la pareja que había en el interior, cuando los informes policiales señalaban que habían sido apuñalados desde el exterior de la tienda.

Hicieron un receso en la reconstrucción. “Después de hablar con Seppo Pentinnen —el policía que llevaba las investigaciones— y alguna persona más, volvió a reconstruir el crimen. Pero esta vez lo hizo casi todo tal y como reflejaban los informes policiales”, afirma el excomisario.

A pesar de la retirada de cinco condenas, hay voces discordantes. Como la del entonces fiscal general del Estado, Christer van der Kwast: “Que él sea el asesino es una clara posibilidad”, confiesa en la cafetería de un céntrico hotel de Estocolmo. “Nos dijo cosas que solo el asesino podía saber. Es un tipo de psicópata complejo, un sádico, y tiene las características de un asesino en serie. Su habilidad de manipular a los que tenía a su alrededor supuso un problema del que éramos conscientes y que tuvimos que manejar. Los fiscales que han estado trabajando en los casos desde que retiró sus confesiones no han hecho bien su trabajo”.

El juez Göran Lambertz, que revisó el caso durante una semana en 2006 y no halló irregularidades, abunda en la idea. “Hay varios factores que apuntan a que realmente fue él: había cometido delitos con anterioridad; los médicos diagnosticaron que era una persona peligrosa, un agresor sexual en potencia; estuvo en clínicas psiquiátricas, pero anduvo libre entre 1976 y 1991; y 15 crímenes fueron cometidos en áreas en las que él pudo haber estado”.

Leif G. W. Persson, criminólogo —y novelista— que trabajó 30 años como policía y siguió de cerca las investigaciones, es claro: “Muchos investigadores abandonaron los casos por las dudas en torno a los procedimientos. Ese hombre no cometió un solo crimen, no es un asesino en serie. Para un profesional como yo, resultó evidente desde el principio. Pero para los que le rodeaban, aquello se convirtió en una religión”. Persson denuncia que se contravinieron todas las reglas: es inasumible, dice, que un solo policía condujera todos los interrogatorios, como así ocurrió. “Se cometieron errores en la investigación, en la instrucción, y los juzgados validaron esos errores. Esto es una catástrofe para el sistema judicial sueco”.

La periodista Jenny Küttim enfatiza que los miembros del Equipo Quickcimentaron sus carreras sobre el caso, que se aprovecharon de un enfermo mental. “Ahora han pasado más de 25 años, los auténticos asesinos están libres, y nunca les encontraremos. Eso es horrible. Quick causó mucho daño con sus confesiones, y tiene gran culpa en todo esto. Pero no hay que olvidar que es un enfermo, y que era un adicto a las drogas”.

La entrevista en la clínica llega a su fin.

P. ¿Es usted capaz de matar o ha sido capaz de matar alguna vez en su vida?

R. No.

P. ¿Usted ha cometido algún asesinato?

R. No.

P. Si sale de esta clínica, ¿qué será lo primero que haga?

R. Dar un largo paseo por el bosque, solo.

 

Una víctima en Fuengirola

J. ELOLA

Charles Zelmanovits, una de las supuestas víctimas de Bergwall, desapareció en Pitea, norte de Suecia, en la noche del 13 de noviembre de 1976. Volvía de una fiesta del colegio. Tenía 15 años.El chico se crió en Fuengirola. De los 6 a los 14 años, vivió en la localidad malagueña, donde su padre ejercía como médico: trataba a enfermos de reúma que buscaban curación en el clima del sur de España. Su hermano Frederick, que habla perfectamente español, vive en el sur de España, pero no desea hacer declaraciones hasta que el caso de su hermano se aclare. Bergwall confesó en su momento que estranguló y desmembró a Charles en el bosque. Este es uno de los casos que están siendo revisados por la Justica sueca, ahora que Bergwall ha retirado su autoinculpación.

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Cada año, miles de Niños o adolescentes (menores de 18) de todo el mundo desaparecen. Encuentran a algunos; pero muchos de ellos no son encontradas nunca o al menos con vida.

La suerte que pueden haber corrido dicho niños es variada. Incluso cuando se les encuentra, a algunos, después de unos años el daño psicológico y/o fisico puede ser irreversible.

 

 Por todo esto nunca es aburrido o cansado repetir las medidas de seguridad que deben tener los padres con los hijos pequeños y también con los adolescentes que a veces pecan de confiados con desconocidos o personas que los enganan aprovechando algunas peleas familiares o falta de control de sus padres.

 

En el siguiente enlace puedes ver los mas recientes desaparecidos en USA y otros paises del mundo:

http://www.missingkids.com/missingkids/servlet/PublicHomeServlet?LanguageCountry=en_US&

En general, el problema de los niños desaparecidos es complejo y multifacético. Los niños pueden convertirse en falta debido a la sustracción de los miembros no familiares o de secuestro por miembros de la familia. Los niños o adolescentes pueden desaparecer como consecuencia de la fuga del hogar. Los niños también pueden desaparecer por otras razones ademas de el secuestro.

Hace 10 años la cifra de niños o jovenes , menores de 18, era de cerca de 800.000 cada año, o un promedio de 2.185 denuncias de desaparecidos cada día.

Más de 200.000 niños fueron secuestrados por miembros de la familia.

Más de 58.000 niños fueron secuestrados por miembros no familiares.

115 niños fueron víctimas de secuestro.

 Aunque todavía No tengo las cifras actuales (2012), se que ha disminuido esa cantidad en paises como USA o en europa; pero en el resto del mundo todavía se mantienen cifras altas.

La razón de el descenso es el haber tomado mayores medidas de seguridad publica (policia). Ademas de estar aconsejando en los colegios, tanto a los niños como a los padres, de los peligros que pueden pasar si no toman ciertas medidas de seguridad.

 

 En New york están trabajando en descubrir a los culpables o el cuerpo de Ninos desaparecidos que nunca pudieron hallarse años atrás.

 Un caso “bandera” o “ simbólico” , por su importancia y difusion en todo Usa fue el caso del Nino Etan Patz (6 años), quien desapareció el 25 de mayo de 1979, cuando se dirigia solo a tomar el bus para ir a su colegio, a poca distancia de su casa.

 

Este caso ha tenido amplia difusión periodistica; pues parece que acaba de agarrarse al autor (sospechoso) de haber realizado el abominable crimen hace 33 años . A continuación veamos otras fotos periodisticas:

 

 La policía neoyorquina esta usando lo ultimo de los avances en ciencia y tecnología actual para resolver casos que en el pasado No se pudo, como el caso del Niño Etan Patz. (arriba)

Se hizo una nueva revision del caso y se descarto diferentes sospechosos como el que aparece en el siguiente recorte periodístico (abajo), los cuales también tuvieron una vida en delito; pero no participaron en la desaparición de Etan.

 

Abajo se ve un mapa fotográfico actual (2012), donde se ve:

  1. La casa de Etan Parz

  2. El sótano que fue excavado para tratar de encontrar restos del cuerpo del niño.

  3. La bodega donde el sospechoso (Pedro Hernandez) trabajaba. Ahora es una óptica.

  4. El lugar donde el Bus recogía a etan.

 

 Abajo se ve la entrada del sótano donde se cree que se llevo al niño para terminar matandolo…

 

El principal jefe de la policía de todo el estado de New York, Raymond W. Kelly, se encargo de hacer las explicaciones de los descubrimientos y avances de este caso. (Ver abajo)

 

 La esposa y la hija del sospechoso de haber asesinado al niño Etan salen de su casa donde, al parecer, ellas no sabían nada del siniestro pasado de su esposo o padre…

 

 Abajo uno de los muchos titulares o primeras planas (25 mayo 2012), de el principal o único sospechoso del crimen contra el niño quien aparece junto a su foto actual de Pedro Hernandez (51), quien vivía en New Jersey, con su esposa e hija, y esta desempleado.

 

 Finalmente, vemos a un par de jóvenes madres, en New Jersey, viendo la casa de Hernandez y preguntándose como pudo haber hecho esa monstruosidad con el niño Etan Patz.

 

Hasta siempre.

Carlos Tigre sin Tiempo (CTsT)

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