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Archive for 12 octubre 2012

Una ONG argentina ha logrado frenar el primer aborto despenalizado que iba a practicarse a una mujer de 32 años que fue violada durante su secuestro por una red de trata de personas en Buenos Aires. La decisión, que fue anunciada por la jueza civil Myriam Rustán de Estrada, dispone que “las autoridades sanitarias provean a la madre del niño de la adecuada asistencia para resguardar su salud e integridad física y psíquica”.

La polémica decisión judicial contradice la decisión de la legislatura porteña, que aprobó la pasada semana una ley que despenaliza el aborto en casos de violación o riesgo para la salud de la madre.  Pedro Andereguren, abogado de la ONG Pro-Vida, que forzó la decisión judicial, esgrime que “el derecho a la vida del niño no puede estar sujeto a la decisión de la madre, ya que una cosa es la no punibilidad y otra es que tenga derecho a hacerlo”.

Asimismo, añade que “no puede pretender paliarse el trauma de la madre con el homicidio del niño”, ya que -asegura- “la vida del niño no es menor al dolor de la madre” y “ese niño es persona por nacer”.

El ministro de Sanidad argentino, Juan Manzur, señala que el caso se encuentra fuera de sus competencias. “Acá hay una jueza nacional que se ha sublevado, que es la que ha emitido esta medida, desoyendo lo que establece la Corte Suprema de Justicia vinculada a los casos de aborto no punible.

Ni la jurisdicción ni la capacidad de resolver este caso puede invocarse al Gobierno nacional”, comentó. Según las leyes argentinas, los abortos están permitidos solo cuando se trata de “evitar un peligro para la vida o la salud de la madre, y si este peligro no puede ser evitado por otros medios, o si el embarazo proviene de una violación o de un atentado al pudor” cometido sobre una mujer disminuida psíquica o demente.

Según estadísticas no oficiales, cada año en Argentina se realizan más de 500.000 abortos ilegales. Los partidarios de la legalización de la interrupción del embarazo declaran que, a consecuencia de la prohibición miles de mujeres, sobre todo jóvenes, ponen en riesgo su salud, abortando en condiciones peligrosas.
* Texto y video completo en: http://actualidad.rt.com/sociedad/view/55589-buenos-aires-prohiben-aborto-victima-trata-personas

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Caminas rápida y decididamente, con la cabeza gacha y mirando al frente. Te pones los audífonos, pero bajas todo el volumen. No haces contacto visual a menos que sea necesario. Miras detrás de ti de cuando en cuando para asegurarte de que no te sigan. No seas obvia.

No es de noche; no estás en la parte peligrosa de la ciudad ni en una zona conocida por el narcomenudeo. Esta es simplemente la forma en que muchas mujeres se escudan cuando caminan por las calles de la ciudad en pleno día o cuando abordan un transporte público. ¿Por qué? Porque muchas mujeres, sin importar su edad, peso o apariencia, han recibido comentarios como: “Oye nena, ¿quieres algo de esto?”, “Me gusta lo que veo” o “Lindo trasero”.

Todas esas frases son acoso sexual. Aunque algunos hombres los consideran piropos, para muchas mujeres son una amenaza.

¿Qué es el acoso sexual?

El acoso sexual se define por el miedo y la incomodidad. No todos los piropos van acompañados de avances físicos indeseables, pero por seguridad, no se puede ignorar esa posibilidad. Un comentario agresivo o sexual puede ser aterrador por sí mismo, así que, ¿por qué los acosadores creen que no hacen daño?

Gran parte del problema estriba en la definición del acoso sexual en lugares públicos. En el ámbito laboral, existe una definición oficial: “Los avances sexuales indeseables, solicitar favores sexuales y el acoso verbal o físico de naturaleza sexual”. Existen reglas a seguir, autoridades competentes en la materia y castigos para los infractores.

Sin embargo, en las calles o en el transporte público, esa línea es borrosa o simplemente no existe. Lo que para algunos es un simple saludo, para una mujer encerrada en un vagón de tren puede ser una amenaza.

En el estado de Nueva York, en Estados Unidos, por ejemplo, una persona lo comete cuando “él o ella acosa intencional y repetidamente a otra persona al seguirla en o alrededor de un lugar público, al asumir una conducta repetitiva o al cometer repetidamente actos que provocan a una persona un temor racional a sufrir daño físico”.

En México, el hostigamiento sexual es punible solamente “cuando se cause un perjuicio o daño”, según el Código Civil Federal. La definición de hostigamiendo sexual es: “Al que con fines lascivos asedie reiteradamente a persona de cualquier sexo, valiéndose de su posición jerárquica derivada de sus relaciones laborales, docentes, domésticas o cualquiera otra que implique subordinación, se le impondrá sanción hasta de 40 días”, según el Artículo 259 Bis de dicho código, pero no menciona qué ocurre en caso de hostigamiento de parte de un desconocido.

En el Distrito Federal el 8 de marzo de 2008 entró en vigor la Ley de Acceso a las Mujeres a una Vida libre de Violencia. Aquí se tipificaron las miradas y palabras lascivas como parte de la violencia sexual. “Violencia Sexual: Toda acción u omisión que amenaza, pone en riesgo o lesiona la libertad, seguridad, integridad y desarrollo psicosexual de la mujer, como miradas o palabras lascivas, hostigamiento, prácticas sexuales no voluntarias, acoso, violación, explotación sexual comercial, trata de personas para la explotación sexual o el uso denigrante de la imagen de la mujer”, según el capítulo V del artículo 6 de esta ley. Sin embargo, esta ley no contempla penas para este delito.

¿Qué pasa si hay contacto físico? En California, Estados Unidos se considera que una persona ha sido víctima de agresión sexual si ha sido tocada “en sus partes íntimas” en contra de su voluntad, y con fines específicos de excitación, gratificación o abuso sexual. La teniente Karen Stubkjaer del Departamento del Sheriff de San Diego escribió en un correo electrónico: “En California no se considera que un ‘piropo’ sea un delito. Si existe una amenaza real o contacto inapropiado, desde luego hay más opciones para actuar”.

Cuando existe el contacto físico

Aunque la ley distingue el acoso sexual de los ataques físicos, en las calles la diferencia está menos definida.

¿Cuál es la diferencia entre un piropo y una nalgada? A juzgar por las experiencias de las mujeres que hablaron con CNN, no hay mucha diferencia.

Brittney Gilbert, de San Francisco, lo sabe muy bien. Cuando iba en el autobús camino al trabajo, en septiembre, un extraño la atacó. “Estaba sentado junto a mí. Cuando me levanté para bajar del autobús, tuve que dar un paso largo para pasar alrededor de él y en ese momento me agarró la entrepierna”, recuerda.

Gilbert se fue a trabajar; sin embargo, más tarde decidió que tenía que reportar lo ocurrido. “Sólo quería denunciarlo. Lo que pasó después fue decepcionante y sorprendente. No esperaba que alguien me consolara, pero fue sorprendentemente difícil presentar una denuncia. [El policía] no me dijo ‘No puede levantar un reporte’, simplemente insistía en preguntarme si en verdad quería hacerlo”.

Tras el supuesto ataque, Gilbert decidió hacer algo inusual, contar el ataque sufrido en un espacio público con una enorme audiencia: internet. Blogueó su experiencia porque “no tenía idea [de cómo se sentía ser atacada] hasta que me ocurrió a mí; lo increíblemente violada que me sentí. Fue muy desagradable. Me daban ganas de llorar, de vomitar. Me violaron en contra de mi voluntad. Quería escribir esto para desahogarme. Quería contar lo que pasó, sin exageraciones”.

La política de CNN es no revelar los nombres de las sobrevivientes de abuso sexual, pero en esta ocasión, Gilbert quería que su caso se diera a conocer. Gracias a que su blog se difundió vertiginosamente, la Unidad de Víctimas Especiales volvió a entrevistarla. Gilbert dijo que gracias a ese seguimiento siente están haciendo algo, pero que no está segura de si el manejo inicial de su caso o la segunda entrevista sean el procedimiento típico. El Departamento de Policía de San Francisco se negó a comentar acerca del caso de Gilbert, ya que la investigación está en curso.

Las mujeres se defienden

Emily May dirige un grupo llamado Hollaback!, una organización internacional que, con ayuda de la gente, busca acabar con el acoso en las calles. Las mujeres pueden postear sus historias e imágenes en la aplicación de Hollaback! o en el sitio web. En teoría, entre más se difundan los acosos en las calles, menos probable es que ocurran. Losposts son cuidadosamente revisados y la mayoría de las veces se difumina el rostro de los supuestos atacantes. Hollaback! usa la información para solicitar a las autoridades que refuercen la seguridad pública, ya sea colocando más alumbrado y teléfonos de emergencia o aumentando la presencia policial.

May quiso hacer algo útil con las historias de sus amigas y colegas. No existen muchas cifras acerca del acoso callejero, y ella espera que Hollaback! ayude a que eso cambie. Su motivación es sencilla: “Es una cuestión de derechos humanos. Esta situación violenta nuestro derecho a caminar por las calles de forma segura; también pagamos impuestos, tenemos derecho a sentirnos seguras cuando caminamos por la calle”.

¿Por qué decir piropos?

En las calles de Atlanta, algunos hombres opinaron acerca de lo que motiva el acoso callejero, ya sea que tomen parte en ello o no.

“Muchas veces existe la presión entre hombres, como para impresionarse unos a otros. Y como humillar a las mujeres… Nos crían para usar a las mujeres como objetos, porque vivimos en un mundo de televisión”, dijo Kareem Watkins, un ajustador de seguros de 26 años.

Agregó que algunas mujeres podrían sentirse halagadas por la atención: “He escuchado que cuando un hombre pasa junto a una mujer y este no voltea a mirarla, ella se siente ofendida”, dijo. “Me imagino que podría sentirse bastante mal, aunque me imagino que podría estimular a su ego”.

Watkins y su amigo, Jay Woods, responsabilizaron a las mujeres por incitar los comentarios con su estilo de vestir. “¿Acaso su madre le dijo que se pusiera eso? Es un asunto de cómo te criaron”, dijo Woods.

Aunque ninguno de los dos pudo explicar cómo una mujer puede obtener respeto mientras camina por la calle, ambos coincidieron en que “las mujeres son tratadas en la forma en que te permiten que las trates”.

Para Marcus Jeffries, estudiante de 25 años, los piropos son algo biológico: “Los hombres cazan a las mujeres, desafortunadamente, porque las mujeres [tienen] algo que ellos quieren”. Su amigo, Tyrone Evans, dijo: “Te hace verte como un pervertido… como si nunca hubieras visto a una mujer”.

Jared Ripps, de 39 años, dice que nunca ha considerado lanzar un piropo a una mujer. ¿Por qué? “Tengo una hermana y no me gustaría que le hicieran lo mismo”, dijo.

Sucede a diario

De acuerdo con una encuesta efectuada por la Universidad de Cornell y Hollaback! en la ciudad de Nueva York, el 60 % de los incidentes reportados de acoso sexual ocurrieron en la calle. Un 22 % más ocurrió en el transporte público o en terminales.

La teniente Stubkjaer, de la policía de San Diego, California, recomendó que para evitar los acosos, las mujeres caminen con algún amigo o en grupo y que efectúen ciertos “protocolos básicos de seguridad”. No obstante, algunas mujeres alegan que deberían poder viajar solas.

Lola Binkerd iba en un vagón del metro hacia Los Ángeles, California, el mes pasado. Cambió de vagón para evitar a un grupo de jóvenes que la acosaban verbalmente y se encontró en un vagón prácticamente vacío, salvo por un hombre que llevaba una bicicleta. “Se sentó en el asiento frente a mí, se inclinó hacia adelante y empezó a coquetearme. Lo miré y le pedí: ‘Por favor déjame en paz’… Rápidamente se enfureció y se agitó… Se levantó, empezó a golpear las paredes, y escaló hasta gritarme amenazas sexuales y me amenazó con dispararme”, dice.

Al igual que Gilbert, Binkerd blogueó acerca de su experiencia. Su historia puso de manifiesto otra forma de hostigamiento sexual: “La gente espera que no les digas que te dejen en paz. Tienden a pensar que no es la gran cosa y que debes ser amable. No se dan cuenta de que te hacen sentir incómoda… Es ridículo pensar que debes ser amable con quien invade tu espacio”, dice.

Las mujeres que bloguearon su experiencia y que hablaron con CNN dijeron que no buscan conmiseración, sino despertar conciencias.

Holly Kearl, fundadora del sitio web Stop Street Harassment (Detener el acoso en la calle), dijo que cree que compartir las historias es la clave para terminar con el hostigamiento en las calles. El sitio documenta los incidentes de acoso callejero y los mapea.

“Podemos leer las historias de otras personas y ver que no estamos solas, que podemos encontrar la forma de enfrentarnos a los acosadores”, dijo en un correo electrónico dirigido a CNN.

Kearl ve este asunto como un problema mundial que requiere más atención. A pesar de que el acoso callejero se ha considerado normal a lo largo de la historia, ahora “lo es menos, porque muchas personas están hablando de ello, revelando lo frecuente que es… y el impacto negativo que puede tener en nuestras vidas”.

* CNN  —11 Octubre 2012

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Polémica ha generado en España la difusión, por parte de la prensa, de un fallo judicial que abosolvió de una acusación por acoso sexual a un jefe que daba besos, efectuaba tocaciones e incluso daba nalgadas a dos subalternas, todo acompañado de cartas de amor de subido tono.

En una sentencia de primera instancia, el hombre -denunciado por dos trabajadoras de una farmacia de Madrid- fue condenado a tres meses y dos días de prisión y a pagar una indemnización por más de 11.200 euros 

La apelación de esta sentencia llegó a la Audiencia Provincial de Madrid, que desestimó la condena y absolvió al imputado del delito de acoso.

Según consigna el diario El País, el artículo 184 del Código Penal considera autor de acoso al “que solicitare favores de naturaleza sexual para sí o para un tercero, en el ámbito de una relación laboral, docente o de prestación de servicios, continuada o habitual, y con tal comportamiento provocare a la víctima una situación objetiva y gravemente intimidatoria, hostil o humillante”.

Los magistrados estimaron que las situaciones descritas por las dos mujeres -que dijeron haber sufrido depresión por estos hechos- no suponen necesariamente una proposición de una relación sexual.

“Dar palmadas en las nalgas, dar un beso en la oreja, abrazar, dar un beso en los labios, acariciar la pierna o el pelo (…) no implican la proposición de ninguna relación sexual, sino que suponen la realización de actos de contenido sexual”, dice la sentencia. Así, no se ve acoso, sino abuso sexual, un delito más grave, pero por el que el hombre no estaba acusado y, por tanto, por el que no podía ser condenado.

Reacciones

El fallo fue repudiado por Glenys de Jesús, directora del Observatorio de Género y Justicia de Women’s Link: “Inventa una diferencia entre las propuestas para mantener una relación sexual y una sentimental, y quita el componente sexual de cosas como tocamientos en las nalgas. Además, hay una situación de subordinación, intimidatoria y gravemente hostil. Él era su jefe, y hacía esas proposiciones desde esa situación de poder”, argumentó.

Consultado por El País, Julian Ríos, profesor de Derecho Penal de la Universidad Pontificia de Comillas, explicó que “a nivel coloquial puede que estos hechos sí se definan como acoso sexual”, pero la sentencia no es “jurídicamente criticable”. 

“Hace falta que se demuestre que se ha provocado una situación objetiva, gravemente intimidatoria, hostil o humillante. Y que la naturaleza de los hechos sea solo sexual. Si no se cumplen todos esos requisitos no es acoso. Puede ser otro delito, como el de abusos, pero acoso no. Eso, con todos esos límites, es lo que marca la ley”, sentenció.

Por otro lado, las dos mujeres optaron por llevar su denuncia por la vía penal, siendo que por la vía laboral la tipificación de los delitos es más amplia. El concepto de acoso en el derecho laboral es más amplio, puede ser sexual o no. Sin embargo, por esta vía los delitos prescriben en un año y los hechos denunciados ocurrieron hace una década.

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Las minas antipersonal y los artefactos o municiones sin activar han dejado en Colombia 10.001 víctimas desde 1990, año al que se remonta la documentación de accidentes con este tipo de elementos explosivos en el país, denunció hoy en Bogotá el vicepresidente Angelino Garzón.

En una declaración pública con motivo de la que llamó “deshonrosa cifra”, Garzón precisó que los caídos en esta “trampa mortal de los grupos armados ilegales” son 6.222 militares y 3.779 civiles.

“Queremos ya una Colombia sin más víctimas de minas antipersonal y libre de estos artefactos”, pidió el vicepresidente, responsable de la política contra este problema junto al Programa Presidencial para la Acción Integral contra las Minas Antipersonal (Paicma).

La tarea oficial ha contado con el apoyo de la comunidad internacional, entre ella la Unión Europea (UE), que el próximo día 27 formalizará con el Gobierno en Bogotá un convenio de financiación por 7,2 millones de euros (unos 11 millones de dólares), dinero que irá a proyectos de educación en riesgo, asistencia a víctimas y desminado humanitario, entre otros frentes.

Las víctimas más recientes fueron seis niños de un paraje rural de la población de Chaparral (suroeste) que hace dos días jugaban con una granada de fragmentación que se encontraron en el campo.

Una niña de 3 años murió en la deflagración del artefacto, mientras que los otros cinco menores resultaron heridos.

Las víctimas son niños, niñas, adolescentes, mujeres, indígenas, afrodescendientes, campesinos, obreros, soldados, policías, apuntó Garzón, para quien el total de muertos y heridos en estos accidentes desde 1990 merecen un homenaje y el empeño diario para reconstruir sus sueños y llegar a un futuro sin más violencia y guerra.

Garzón les exigió a los grupos armados ilegales que dejen de plantar minas antipersonal y que informen de sus campos minados, para que se pueda prevenir a la población civil, mientras se puedan asumir las tareas de desminado y destrucción de artefactos.

“Solo así podemos despejar de minas las tierras que tanto necesitan los campesinos para el desarrollo de sus comunidades, lo que contribuiría enormemente a la paz que anhelamos todos los colombianos”, expresó el vicepresidente.

Colombia es el segundo país del mundo más afectado por las minas antipersonal, después de Afganistán, según la coalición Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas (ICBL, por su sigla en inglés).

El Gobierno colombiano calcula que en el país hay sembradas más de 100.000 minas antipersonal, siempre por las guerrillas Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC) y Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Además de las minas, el conflicto armado interno de casi medio siglo deja también municiones sin explorar (Muse) y artefactos explosivos improvisados (AEI), que causan accidentes.

 

* Texto de EFE-Bogotá, 25 sep.2012

 

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